martes, 10 de julio de 2012
Tú y yo, tú y yo, tú y yo.
¿Te acuerdas de cómo empezó todo? Yo sí, lo recuerdo perfectamente, y eso que con alcohol es más difícil acordarse de las cosas. Pero aquello no se podía olvidar. El día había acabado y yo pensaba que también lo que había pasado entre nosotros había terminado. Y así parecía los días siguientes, las semanas siguientes… Pero casi tres meses más tarde, comprobé que me había equivocado. Creo que nunca podré olvidarme de los detalles de aquel jueves. La lluvia, el botón del pantalón roto, el paraguas que también se había roto, el beso en aquel parking, el “ eres superencantador”, el autobús de las nueve. Nunca lo podré olvidar, y ya sé que nunca se puede decir “nunca”, pero es lo que creo. Tampoco voy a olvidar tu cara después de decirte que sí me quería tirar al río. Ni siquiera lo había meditado fríamente. Solo sé que esa noche llegué, te vi, y me di cuenta de que era lo que quería de verdad. Y así fue como nos zambullimos en un río a finales de febrero, y… hasta ahora. Aunque a veces nos han entrado ganas de salir de allí, no nos engañemos, pero el agua no siempre está caliente, ¿no crees? Me encantaban aquellos días de primavera contigo, ir a visitar lugares, vernos en las horas libres de clase, los sms que nos enviábamos sólo para decirnos “te quiero” o que teníamos ganas de vernos. Pero pronto llegaron los exámenes, y estar juntos era más difícil, pero yo lo único que deseaba era acabarlos para poder estar contigo de una manera más íntima, ya me entiendes. Y lo único que se me ocurrió fue mandarte un mensaje explicándolo. Qué vergüenza sentí en aquel momento. Me dijiste que sería muy bonito y especial. ¿Lo fue? La verdad es que no lo sé, pero inolvidable desde luego. Yo ya estaba preparada, o creía estarlo, y el verano se abría paso entre nosotros. Pero las cosas a veces no salen como una quiere, y a veces tampoco te dicen lo que quieres oír. Aquella noche pensé que se había terminado, y solamente habían pasado tres meses. Tres meses. Imagínate que se hubiera acabado por esa tontería. Era la primera vez que nos habíamos… ¿enfadado? Ni siquiera era eso, pero me había sentido muy dolida. De aquella ninguno de los dos sabíamos cuántas tonterías más nos esperarían, y por si no lo sabes te lo digo ahora, todavía nos esperan unas cuantas. No estaba segura de nada en aquel momento, pero cuando te volví a ver me di cuenta de lo que quería, y me relajé un poco más. Me relajé hasta tal punto que a la semana siguiente iba a pasar aquel momento tan bonito y especial. Y te tengo que decir que para mí sí que lo fue. Las cosas no sucedieron cómo se esperaban, pero aquella confianza, y aquella intimidad que habíamos compartido nunca la había tenido con nadie, y por eso fue bonito y especial, porque tú estabas allí con tu infinita paciencia y yo hecha un manojo de nervios. Después de eso, llegó otro examen, esta vez solamente lo tenía yo. Quince días sin vernos y ni siquiera obtuve buenos resultados. Ojalá hubiera disfrutado más de ti aquellos días, pero no se puede volver atrás…
Unas semanas más tardes, nos preparábamos para pasar tres maravillosos días juntos. Tú y yo durmiendo en la misma cama. Desayunando juntos. Veinticuatro horas de cada día juntos. Si lo hubiera pensado unos meses antes, ya estaría agobiada y me habría echado atrás. Sin embargo, ocurrió totalmente lo contrario. Guardo muy buenos recuerdos de aquellos momentos, y espero que tú también.
Después, entre vacaciones y cursos prácticamente no nos vimos hasta que me diste el mayor regalo de cumpleaños: tú. En vez de llamarme después de bañarte en la piscina, decidiste llegar allí y darme una de las mayores sorpresas de mi vida. Sabes que te lo agradezco muchísimo, porque ese día sí que te necesitaba, y como ya sabes de lo que hablo, no voy a mencionar todo lo que pasó aquel día.
Llegó septiembre, y después de sacarnos mil fotos con mi nueva cámara, también empezó un nuevo curso: tercero. Yo no había comenzado muy motivada, y la verdad es que tampoco terminé con mucha motivación. Estuve muy poco centrada, y fue un poquito por tu culpa. Sí, no pongas esa cara. En enero llegaron muchos momentos bonitos y especiales. Sobre todo dos. Y aunque fue en el último en el que sucedió lo que tanto tiempo llevábamos esperando, me gusta más el primero. El del día siguiente a Reyes. Para mí, fue una noche mágica, y aunque no acabó del todo bien, sobre todo para ti, me gusta recordar aquel momento, la luna casi llena y la canción de “Jóvenes eternamente”. Pero volvamos a lo de antes, a eso de que no estaba centrada por tu culpa,y es que así era. Me habías hecho descubrir algo que no conocía, y que echaba de menos cuando estaba delante de los libros. Estaba realmente loca, bueno, y lo estoy.
En febrero celebramos el año que llevábamos juntos, y mi profesor de fisiológica también lo celebró poniéndome un examen, pero por suerte, salió bien. Pero no todo fueron cosas bonitas. En marzo por poco ponemos fin a nuestra relación. El agua volvía a enfriarse y nos entraron ganas de salir. Es normal, la temperatura no siempre es la misma. Lo importante es que lo arreglamos, y que seguimos aquí.
Ahora, tú en Murcia y yo en Asturias, pero seguimos juntos. Y dentro de unos días, todavía estaremos más juntos. Sin kilómetros, sin distancias. Tú y yo y todo el verano por delante.
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