domingo, 25 de marzo de 2012

Arcoiris



He leído por ahí que si dejas de pensar en algo, al final, pierde importancia.Que si sonríes, estás contento, y que si lloras, estás triste. Pero yo soy una especie de sonrisa de Profident que saborea sal de lágrimas, y me pregunto cómo una sonrisa puede contener tanta tristeza. Ironías de la vida, supongo. Y es que en mis ojos ya no llueve, están vacíos, como ese pozo en el que estoy metida. Y ahora me acuerdo de ese arcoris de hace meses, y de lo bien que sienta un poco de color. Pero con días grises, no hay sol ni lluvia, sólo hay gris, para que luego digan que sólo existen el blanco y el negro. Y es que ahora veo el vaso medio vacío, cuando no hace tanto se iba a salir el café. Supongo que siempre lo he visto medio vacío, excepto en esa época loca en la que ni siquiera me paraba a contemplarlo. ¿Y para qué llevar paraguas? Si llueve me voy a mojar igual. Mejor empapada del todo, que sólo un poco. Tampoco llevo bañador, si hace calor, me desnudo, sin crema solar, ni gorro, ni nada. Y es que para qué protegerse cuando uno está bien. Ya me da igual que ahora anochezca más tarde, si con la persiana bajada no se puede ver el sol. Que ha llegado la primevera, y pronto el verano, y eso me hace acordarme aún más de aquel arcoiris, porque a veces sólo se ve una vez, y yo ya lo he visto, y no creo que vuelva a aparecer.

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